Publicado: Sábado 27 de julio de 2019
Carta abierta de Rodolfo Walsh a la Junta Militar en 1977, al cumplirse un año del golpe de Estado de 1976
CARTA ABIERTA DE UN ESCRITOR A LA JUNTA MILITAR
1. La censura de prensa, la
persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el
asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos,
son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina
después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi
treinta años. El primer aniversario de esta Junta Militar ha motivado un
balance de la acción de gobierno en documentos y discursos oficiales, donde lo
que ustedes llaman aciertos son errores, los que reconocen como errores son crímenes
y lo que omiten son calamidades.
El 24 de marzo de 1976 derrocaron
ustedes a un gobierno del que formaban parte, a cuyo desprestigio contribuyeron
como ejecutores de su política represiva, y cuyo término estaba señalado por
elecciones convocadas para nueve meses más tarde.
En esa perspectiva lo que ustedes
liquidaron no fue el mandato transitorio de Isabel Martínez sino la posibilidad
de un proceso democrático donde el pueblo remediara males que ustedes
continuaron y agravaron. Ilegítimo en su origen, el gobierno que ustedes
ejercen pudo legitimarse en los hechos recuperando el programa en que
coincidieron en las elecciones de 1973 el ochenta por ciento de los argentinos
y que sigue en pie como expresión objetiva de la voluntad del pueblo, único
significado posible de ese “ser nacional” que ustedes invocan tan a menudo. Invirtiendo
ese camino han restaurado ustedes la corriente de ideas e intereses de minorías
derrotadas que traban el desarrollo de las fuerzas productivas, explotan al
pueblo y disgregan la Nación.
Una política semejante solo puede
imponerse transitoriamente prohibiendo los partidos, interviniendo los
sindicatos, amordazando la prensa e implantando el terror más profundo que ha
conocido la sociedad argentina.
Quince mil desaparecidos, diez
mil presos, cuatro mil muertos, decenas de miles de desterrados son la cifra
desnuda de ese terror.
Colmadas las cárceles ordinarias,
crearon ustedes en las principales guarniciones del país virtuales campos de
concentración donde no entra ningún juez, abogado, periodista, observador
internacional.
El secreto militar de los
procedimientos, invocado como necesidad de la investigación, convierte a la
mayoría de las detenciones en secuestros que permiten la tortura sin límite y
el fusilamiento sin juicio.
Más de siete mil recursos de
hábeas corpus han sido contestados negativamente este último año. En otros
miles de casos de desaparición el recurso ni siquiera se ha presentado porque
se conoce de antemano su inutilidad o porque no se encuentra abogado que ose
presentarlo después que los cincuenta o sesenta que lo hacían fueron a su turno
secuestrados.
De este modo han despojado
ustedes a la tortura de su límite en el tiempo. Como el detenido no existe, no
hay posibilidad de presentarlo al juez en diez días según manda una ley que fue
respetada aun en las cumbres represivas de anteriores dictaduras.
La falta de límite en el tiempo
ha sido complementada con la falta de límite en los métodos, retrocediendo a
épocas en que se operó directamente sobre las articulaciones y las vísceras de
las víctimas, ahora con auxiliares quirúrgicos y farmacológicos de que no
dispusieron los antiguos verdugos.
El potro, el torno, el
despellejamiento en vida, la sierra de los inquisidores medievales reaparece en
los testimonios junto con la picana y el “submarino”, el soplete de las
actualizaciones contemporáneas.
Mediante sucesivas concesiones al
supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios
que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en
la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes
perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia
humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad, que perdió el verdugo, que
ustedes mismos han perdido.
3. La negativa de esa Junta a
publicar los nombres de los prisioneros es asimismo la cobertura de una
sistemática ejecución de rehenes en lugares descampados y horas de la madrugada
con el pretexto de fraguados combates e imaginarias tentativas de fuga.
Extremistas que panfletean el
campo, pintan acequias o se amontonan de a diez en vehículos que se incendian
son los estereotipos de un libreto que no está hecho para ser creído sino para
burlar la reacción internacional ante ejecuciones en regla mientras en lo
interno se subraya el carácter de represalias desatadas en los mismos lugares y
en fecha inmediata a las acciones guerrilleras.
Setenta fusilados tras la bomba
en Seguridad Federal, 55 en respuesta a la voladura del Departamento de Policía
de La Plata, 30 por el atentado en el Ministerio de Defensa, 40 en la Masacre
del Año Nuevo que siguió a la muerte del coronel Castellanos, 19 tras la
explosión que destruyó la comisaría de Ciudadela, forman parte de 1.200
ejecuciones en 300 supuestos combates donde el oponente no tuvo heridos y las
fuerzas a su mando no tuvieron muertos.
El remate de guerrilleros heridos
o capturados en combates reales es asimismo una evidencia que surge de los
comunicados militares que en un año atribuyeron a la guerrilla 600 muertos y
solo 10 o 15 heridos, proporción desconocida en los más encarnizados
conflictos. Esta impresión es confirmada por un muestreo periodístico de
circulación clandestina que revela que entre el 18 de diciembre de 1976 y el 3
de febrero de 1977, en 40 acciones reales, las fuerzas legales tuvieron 23
muertos y 40 heridos, y la guerrilla 63 muertos.
Más de cien procesados han sido
igualmente abatidos en tentativas de fuga cuyo relato oficial tampoco está
destinado a que alguien lo crea sino a prevenir a la guerrilla y los partidos
de que aun los presos reconocidos son la reserva estratégica de las represalias
de que disponen los Comandantes de Cuerpo según la marcha de los combates, la
conveniencia didáctica, el humor del momento.
Así ha ganado sus laureles el
general Benjamín Menéndez, jefe del Tercer Cuerpo del Ejército, antes del 24 de
marzo con el asesinato de Marcos Osatinsky, detenido en Córdoba, después con la
muerte de Hugo Vaca Narvaja y otros cincuenta prisioneros en variadas
aplicaciones de la ley de fuga, ejecutadas sin piedad y narradas sin pudor. El
asesinato de Dardo Cabo, detenido en abril de 1975, fusilado el 6 de enero de
1977 con otros siete prisioneros en jurisdicción del Primer Cuerpo de Ejército
que manda el general Suárez Mason, revela que estos episodios no son desbordes
de algunos centuriones alucinados sino la política misma que ustedes planifican
en sus estados mayores, discuten en sus reuniones de gabinete, imponen como
comandantes en jefe de las 3 Armas y aprueban como miembros de la Junta de
Gobierno.
4. Entre mil quinientas y tres
mil personas han sido masacradas en secreto después que ustedes prohibieron
informar sobre hallazgos de cadáveres que en algunos casos han trascendido, sin
embargo, por afectar a otros países, por su magnitud genocida o por el espanto
provocado entre sus propias fuerzas.
Veinticinco cuerpos mutilados
afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte
quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica
de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza,
incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, “con
lastimaduras en la región anal y fracturas visibles” según su autopsia. Un
verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba
en el lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron
la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron.
Treinta y cuatro cadáveres en
Buenos Aires entre el 3 y el 9 de abril de1976, ocho en San Telmo el 4 de
julio, diez en el Río Luján el 9 de octubre, sirven de marco a las masacres del
20 de agosto que apilaron 30 muertos a 15 kilómetros de Campo de Mayo y 17 en
Lomas de Zamora.
En esos enunciados se agota la
ficción de bandas de derecha, presuntas herederas de las 3 A de López Rega,
capaces de atravesar la mayor guarnición del país en camiones militares, de
alfombrar de muertos el Río de la Plata o de arrojar prisioneros al mar desde
los transportes de la 1ª Brigada Aérea, sin que se enteren el general Videla,
el almirante Massera o el brigadier Agosti. Las 3 A son hoy las 3 Armas, y la
Junta que ustedes presiden no es el fiel de la balanza entre “violencias de
distintos signos” ni el árbitro justo entre “dos terrorismos”, sino la fuente
misma del terror que ha perdido el rumbo y solo puede balbucear el discurso de
la muerte.
La misma continuidad histórica
liga el asesinato del general Carlos Prats, durante el anterior gobierno, con
el secuestro y muerte del general Juan José Torres, Zelmar Michelini, Héctor
Gutiérrez Ruiz y decenas de asilados, en quienes se ha querido asesinar la
posibilidad de procesos democráticos en Chile, Bolivia y Uruguay.
La segura participación en esos
crímenes del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal,
conducido por oficiales becados de la CIA a través de la AID, como los
comisarios Juan Gattei y Antonio Gettor, sometidos ellos mismos a la autoridad
de Mr. Gardener Hathaway, Station Chief de la CIA en Argentina, es semillero de
futuras revelaciones como las que hoy sacuden a la comunidad internacional, que
no han de agotarse siquiera cuando se esclarezca el papel de esa agencia y de
altos jefes del Ejército, encabezados por el general Menéndez, en la creación
de la Logia Libertadores de América, que reemplazó a las 3 A hasta que su papel
global fue asumido por esa Junta en nombre de las 3 Armas.
Este cuadro de exterminio no
excluye siquiera el arreglo personal de cuentas como el asesinato del capitán
Horacio Gándara, quien desde hace una década investigaba los negociados de
altos jefes de la Marina, o del periodista de “Prensa Libre”, Horacio Novillo, apuñalado
y calcinado después que ese diario denunció las conexiones del ministro
Martínez de Hoz con monopolios internacionales.
A la luz de estos episodios cobra
su significado final la definición de la guerra pronunciada por uno de sus
jefes: “La lucha que libramos no reconoce límites morales ni naturales, se
realiza más allá del bien y del mal”.
5. Estos hechos, que sacuden la conciencia
del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han
traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en
que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no
solo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a
millones de seres humanos con la miseria planificada.
En un año han reducido ustedes el
salario real de los trabajadores al 40 %, disminuido su participación en el
ingreso nacional al 30 %, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que
necesita un obrero para pagar la canasta familiar, resucitando así formas de
trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales.
Congelando salarios a culatazos
mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma
de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas,
alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9 % y prometiendo
aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de
producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han
querido protestar los han calificado de subversivos, secuestrando cuerpos
enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.
Los resultados de esa política
han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha
disminuido el 40 %, el de ropa más del 50 %, el de medicinas ha desaparecido
prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde
la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia,
Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y
hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan.
Como si ésas fueran metas
deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a
menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales
gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al
éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la “racionalización”.
Basta andar unas horas por el
Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la
convierte en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media
luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las
napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque
ustedes solo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el
río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del
ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única
medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.
Tampoco en las metas abstractas
de la economía, a las que suelen llamar “el país”, han sido ustedes más
afortunados. Un descenso del producto bruto que orilla el 3 %, una deuda
exterior que alcanza a 600 dólares por habitante, una inflación anual del 400
%, un aumento del circulante que en solo una semana de diciembre llegó al 9 %,
una baja del 13 % en la inversión externa constituyen también marcas mundiales,
raro fruto de la fría deliberación y la cruda inepcia.
Mientras todas las funciones
creadoras y protectoras del Estado se atrofian hasta disolverse en la pura
anemia, una sola crece y se vuelve autónoma. Mil ochocientos millones de
dólares, que equivalen a la mitad de las exportaciones argentinas,
presupuestados para Seguridad y Defensa en 1977, cuatro mil nuevas plazas de
agentes en la Policía Federal, doce mil en la provincia de Buenos Aires con
sueldos que duplican el de un obrero industrial y triplican el de un director
de escuela, mientras en secreto se elevan los propios sueldos militares a
partir de febrero en un 120 %, prueban que no hay congelación ni desocupación
en el reino de la tortura y de la muerte, único campo de la actividad argentina
donde el producto crece y donde la cotización por guerrillero abatido sube más
rápido que el dólar.
6. Dictada por el Fondo Monetario
Internacional según una receta que se aplica indistintamente al Zaire o a Chile,
a Uruguay o Indonesia, la política económica de esa Junta solo reconoce como
beneficiarios a la vieja oligarquía ganadera, la nueva oligarquía especuladora
y un grupo selecto de monopolios internacionales encabezados por la ITT, la
Esso, las automotrices, la U.S. Steel, la Siemens, al que están ligados
personalmente el ministro Martínez de Hoz y todos los miembros de su gabinete.
Un aumento del 722 % en los precios de la producción animal en 1976 define la
magnitud de la restauración oligárquica emprendida por Martínez de Hoz en
consonancia con el credo de la Sociedad Rural expuesto por su presidente
Celedonio Pereda: “Llena de asombro que ciertos grupos pequeños pero activos
sigan insistiendo en que los alimentos deben ser baratos”.
El espectáculo de una Bolsa de
Comercio donde en una semana ha sido posible para algunos ganar sin trabajar el
cien y el doscientos por ciento, donde hay empresas que de la noche a la mañana
duplicaron su capital sin producir más que antes, la rueda loca de la
especulación en dólares, letras, valores ajustables, la usura simple que ya
calcula el interés por hora, son hechos bien curiosos bajo un gobierno que
venía a acabar con el “festín de los corruptos”.
Desnacionalizando bancos se ponen
el ahorro y el crédito nacional en manos de la banca extranjera, indemnizando a
la ITT y a la Siemens se premia a empresas que estafaron al Estado, devolviendo
las bocas de expendio se aumentan las ganancias de la Shell y la Esso, rebajando
los aranceles aduaneros se crean empleos en Hong Kong o Singapur y desocupación
en la Argentina.
Frente al conjunto de esos hechos
cabe preguntarse quiénes son los apátridas de los comunicados oficiales, dónde
están los mercenarios al servicio de intereses foráneos, cuál es la ideología
que amenaza al ser nacional.
Si una propaganda abrumadora,
reflejo deforme de hechos malvados, no pretendiera que esa Junta procura la
paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante
Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las
3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión
de ganar una guerra que, aun si mataran al último guerrillero no haría más que
empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años
mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino
agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las
atrocidades cometidas.
Éstas son las reflexiones que en
el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los
miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser
perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar
testimonio en momentos difíciles.
Rodolfo Jorge Walsh. - C.I.
2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de
1977.
No hay comentarios:
Publicar un comentario